Es necesario distribuir y reorientar lo que producimos

Desde el año 1989, la Organización de las Naciones Unidas, desde su agencia especializada en políticas demográficas, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) celebra el Día Mundial de la Población, con el declamado interés de llamar la atención sobre la urgencia y la importancia de las cuestiones de población, incluidas sus relaciones con el medio ambiente y el desarrollo.

Los datos actualizados de este organismo dan cuenta que la población del mundo en 2021 es de 7.875 millones de personas. Por edades y porcentajes la población mundial se divide de esta manera: de 0 a 14 años 25,3%; 15 a 64 años 65%; más de 64 años 9,7%.

La población mundial necesitó decenas de miles de años para alcanzar los mil millones de habitantes. Y demoró doscientos años más para que esa cifra se multiplicara en el 2011 por siete. UNFPA prevé que la población aumentará hasta los 8.500 millones para 2030, 9.700 millones en 2050 y 10.900 millones en 2100.

Entre las mega-tendencias, que se destacan en los informes derivados desde ONU, hay tres principales: 1) la baja en la fecundidad femenina mundial que ha pasado de 4,5 hijos en 1970 a 2,5 hijos cinco décadas después; 2) el aumento en la expectativa de vida que pasó de 64,6 años a comienzos de la década de 1990 a 72,6 años en 2019; 3- el continuo crecimiento de los niveles de urbanización. En 2007, por primera vez en la historia humana, vivieron más personas en zonas urbanas que en zonas rurales, y para 2050 estiman que alrededor de 2/3 de la población mundial vivirá en ciudades.

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El abordaje sobre los temas de población, y su relación con el desarrollo económico, el empleo, la renta, la pobreza, las protecciones sociales, el acceso universal a la atención médica, la educación, la vivienda, el saneamiento, el agua, los alimentos, la energía, el medio ambiente natural, ha estado atravesado por miradas muy disímiles.

La mayoría de los análisis que eluden el componente del modo de explotación, producción, consumo y acumulación de riqueza capitalista, han colocado en el centro de las preocupaciones sobre el tema de la población, al supuesto del crecimiento desmedido de la misma y la posibilidad de estar en los límites de tolerancia en cuanto a la cantidad de población que el planeta resiste.

Es el pensamiento predominante en los ámbitos internacionales del multilateralismo, de lo académico, las fundaciones y los “thinks tanks”. Habitualmente sostienen que el mundo está superpoblado o en vías de ello y que esto explica en buena medida las crisis ambientales, sociales y energéticas de hoy y otras más extremas que se avecinan en el futuro.

Estos enfoques reflejan las influencias malthusianas (Thomas Malthus, economista que, en el siglo XVIII, realizó proyecciones alarmantes sobre el crecimiento de la población mundial). Sus aportes tuvieron enorme eco en buena parte de las élites opresoras de esa época, que comenzaron a preocuparse si hubiera en el futuro, espacio, alimentos y energía suficiente, para una población supuestamente en crecimiento incontrolable y desmedido.

Entre las organizaciones más influyentes que se han ocupado más recientemente del tema con una visión neomalthusiana está el Club de Roma, “think tank” del pensamiento de la derecha global, que en 1972 publicó el informe “Los límites del crecimiento”, del cual se vendieron más de 20 millones de ejemplares, constituyéndose, en los centros de pensamiento de Occidente, como un manual sobre población. El trabajo explicaba con gran despliegue de cifras y relaciones, que los recursos decisivos estaban acabándose. Debido a esto la humanidad entraría en un período catastrófico, donde la población se reduciría brutalmente por el hambre y las guerras. 

Más recientemente, en el año 2012 lanzaron otro informe “2052: Una proyección para los próximos 40 años”, donde se mantiene la línea argumental de generalizar las responsabilidades de los grandes problemas del desarrollo humano a toda la especie. Destacan como relevante lograr estabilizar el crecimiento poblacional para “reducir las desigualdades y alcanzar el bienestar global a largo plazo”.

Asimismo, desde otras instancias multilaterales, entre ellas la mismísima ONU, se afirma que el crecimiento de la población es uno de los mayores desafíos, y uno de los factores que más inciden en: el agotamiento de los recursos naturales; la degradación del medioambiente; el aumento del desempleo y el aumento del costo de la vida.

Desde el Partido Humanista Internacional observamos e interpretamos de otra manera la información y los datos provenientes desde la ONU. Al mismo tiempo atendemos a las afirmaciones más recientes de otros demógrafos que, por ahora en minoría, sostienen que transitamos hacia un “invierno demográfico”.  Estos estudios se apoyan centralmente en dos indicadores: 1) la comprobada desaceleración en el nivel de fertilidad, en parte lograda por políticas públicas tendientes al control y restricción de la natalidad y 2) el progresivo envejecimiento de la población mundial.

La densidad de población por continentes desmiente las interpretaciones que sostienen que a mayor densidad es mayor el subdesarrollo.  Si se comparan los continentes por su densidad, los datos aproximados en la actualidad son: Asia: 103 habitantes por km²; Europa: 70 habitantes por km²; África: 43 habitantes por km²; América del Norte: 24 habitantes por km²; América del Sur: 21 habitantes por km².

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Bajo la premisa de que “a más población hay más hambre, problemas sanitarios, de vivienda, etc.”, entonces Asia y Europa deberían ser los más afectados y no África (que casi tiene la mitad de la densidad poblacional de Europa), por lo que entonces el exceso poblacional nunca podría explicar las condiciones de vida infrahumanas que se encuentran en el continente africano.

Las y los humanistas entendemos que los problemas sociales, ambientales, sanitarios, de calidad de vida, se comprenden al indagar qué hacemos y quienes deciden lo que se hace (qué, cuándo, dónde, cómo, quiénes, por qué y para qué se produce). Los grandes problemas civilizatorios no se explican por cuántos somos y cuánto espacio ocupamos, el problema central es de orientación y dirección, no es cuantitativo, es cualitativo.

Si falta comida, agua, vivienda digna, a una inmensa parte de la población del mundo, si hay un enorme deterioro del medio ambiente natural, no es por la acción simultánea ejercida por un exceso poblacional. Aunque los límites físicos y medioambientales de la Tierra son finitos, estamos muy lejos de una escasez y un abuso por falta de espacio, de técnicas, de recursos ejercidos por una superpoblación mundial.

A la hora de buscar explicaciones sobre el hambre, la contaminación y la violencia en general, la hipótesis de que somos muchos, tenemos poco espacio y escasean los recursos para la convivencia no tiene fundamento.

Respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero, el 1% más rico del mundo ha sido responsable de más del doble que las producidas por cerca de 3.100 millones de personas que conforman el 50% más pobre. Es una de las conclusiones del informe “Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono” publicado por Oxfam-Intermón en el año 2020 donde se sostiene: “El cambio climático está indisolublemente unido a la desigualdad económica: se trata de una crisis impulsada por las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por los ricos, pero que afecta fundamentalmente a los más pobres”,

La esperanza de vida no está ligada a la superpoblación. En la densamente poblada Europa, según datos de la OMS, en España la expectativa de vida está en los 83 años, en Italia en 82 años. En Asia más densamente poblada aún, llega en Japón a los 84 años, en Vietnam a los 76 años. En África sensiblemente menor en densidad poblacional la expectativa de vida está en 62 años en Angola, en 55 años en Nigeria, en 53 años en República Centroafricana, el hambre, las carencias sanitarias, explican las diferencias en las edades, no la densidad poblacional.

Buena parte de los problemas principales a nivel de recursos materiales civilizatorios son: 1- Los valores del sistema mundial actual (cultura materialista, financiarización de casi todo lo existente, competencia; individualismo; consumo innecesario, banal, suntuoso, etc.). 2- El modo de producción oligopólico (extractivista, depredador, contaminante, de obsolescencia programada, de maximización de las ganancias,). 3- El sostenimiento de la división internacional del trabajo. 4- Las prácticas políticas neocoloniales. 5- Las reglas comerciales injustas. No es un problema de exceso de población, sino de los usos instrumentados por el Gran Capital.

La salida de fondo pasa por cómo se distribuye lo que se tiene por medio de una democracia real, cómo se pone fin al sistema financiero internacional, y cómo se reorienta el gasto destructivo (industria militar, consumo banal, extractivismo, etc.), hacia una producción constructiva (ciencia y tecnología al servicio de la calidad de vida; salud y educación integrales, cultura de la no violencia).

La salida de fondo pasa además por abrir un horizonte humanista intangible, hacia donde orientar la realización y humanización individual y colectiva para satisfacer las necesidades del ser (libertad, solidaridad, coherencia entre el pensar, sentir y actuar, aprendizaje sin límites, poder amar la realidad que se construye).

El Partido Humanista Internacional sostiene que ningún ser humano es una carga para el mundo, ninguna persona es un gasto. Todo ser humano, en la medida de su capacidad puede aportar al logro del bienestar común.

Para las y los humanistas si bien la felicidad (un estado interior de satisfacción creciente con uno mismo a medida que transcurre la vida), es algo que se registra personalmente, es una tarea que sólo puede concretarse colectivamente, trabajando junto a otras y otros. Y en términos civilizatorios solo será posible, por la acción convergente de grandes conjuntos poblacionales, en dirección a la humanización de la tierra, en dirección a la Nación Humana Universal.

Equipo de Coordinación Internacional
Federación de Partidos Humanistas

11 de julio de 2021.

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