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Nada por encima del ser humano

Y ningún ser humano por encima de otro

 

El individualismo es el gran cómplice del sistema en el que vivimos. Un sistema que ha fracasado y no es sostenible. Es el esquema global lo que debe ser cuestionado. Pero es imposible intentar cambios en el proceso humano si no se hace una reflexión profunda acerca de la propia vida.

Es necesario establecer nuevas prioridades. Es necesaria la participación de todos.

Algo más que un partido

El mundo está cambiando a gran velocidad, muchas cosas que hasta hace poco eran creídas ciegamente ya no pueden sostenerse y una gran desorientación parece asfixiar a las personas. ¿Qué hacer? ¿Cómo? ¿En qué condiciones queremos vivir y qué estamos dispuestos a hacer para construirlas?

Palabras como “gobierno” se reemplazaron por otras como “administración”. Los políticos deben ser buenos “gestores”. Las personas, los pueblos, somos “público” en un país que es una “empresa”. Dicen que en esa sociedad “libre” es el público quien decide “democráticamente”, mientras se desmantelan los derechos de los trabajadores y trabajadoras, se precarizan la sanidad y la educación públicas, se limita el acceso a la vivienda, y se arrasa el medio ambiente. Los medios de comunicación, en manos de intereses multinacionales, levantan y dejan caer personajes y siglas, esconden lo que no les interesa y, en definitiva, marcan de qué se habla y qué es lo importante.

Para sostener ese sistema, el “público” debe perseguir la ilusión del bienestar vinculado exclusivamente al progreso individual y la posesión material. Debe mantenerse en un estado de superficialidad alimentado por la posesión de cosas, o temeroso e irritado porque le arrebatan lo poco que tiene. La gente tiene que sentirse presionada para que resulte complicado mirar más allá de las urgencias. Y sobre todo, deben estar muy aislados. Cada uno preocupado únicamente por sus miedos, sus problemas y sus dificultades. El individualismo es el núcleo en el que se apoya el sistema en el que vivimos. Un sistema que ha fracasado y no es sostenible.

En estas condiciones la única salida es el cambio total, porque es el esquema global lo que debe ser cuestionado por la necesidad de establecer nuevas prioridades y nuevos proyectos de vida. Y se necesita algo más que un partido político para producir ese cambio. Será la intención humana que, abriéndose paso, libremente, desde cada individuo, se manifestará en un cambio personal y en una nueva sensibilidad que tendrá su expresión social y, finalmente, llegará hasta el campo político. Pero es difícil comprender e impulsar cambios en el proceso humano si la vida personal no se organiza y orienta también en dirección positiva. Es un cambio personal y social el que estamos necesitando.

El Partido Humanista plantea la necesidad de una nueva dirección que invierta las prioridades y dé significado a las propuestas y medidas que se defiendan en el campo social y político.

El cambio será posible por la intención de la gente, por el compromiso con la libertad frente al determinismo, por la participación real, por el reconocimiento de una ética que no podrá ser impuesta ni quedar reducida a una simple teoría, por bienintencionada que esta sea. Porque esta nueva ética tendrá la misión de impulsar acciones precisas que amplíen crecientemente la libertad. En suma, el cambio será posible por la intención de dar coherencia a la propia vida.

 

El Municipio

“En verdad, mucho antes de que se formaran los países existían las personas congregadas como grupos humanos que al radicarse se convirtieron en vecinos. Luego, y a medida que se fueron montando superestructuras administrativas, se les fue arrebatando su autonomía y  su poder. De esos habitantes, de esos vecinos y vecinas, deriva la legitimidad de un orden dado y desde allí debe levantarse la representatividad de una democracia real”. Cartas a mis amigos, Silo

 

Siempre nos dicen que todo depende del dinero, que el dinero mueve el mundo, y que por su escasez hay que llevar a cabo políticas devastadoras y deshumanizantes. Pero eso no es así. Es la gente quien hace las cosas. Somos las personas las que creamos y las que hacemos posible cada día la vida. Son los profesionales de la salud los que curan a la gente, son los profesores los que educan a las nuevas generaciones, son los panaderos los que cada día hacen el pan, etc. No es el dinero el que resuelve las necesidades, es la propia gente la que lo hace.  Para los humanistas el ser humano es el valor central y el corazón de los barrios somos las personas.

 

Es en los barrios y municipios donde puede arraigar la coherencia: el acuerdo entre lo que se dice y se hace, la equivalencia entre el trato que se pide y el que se está dispuesto a dar. En un barrio la gente se conoce y lo que cada cual hace, no da igual. Cierto es que todavía cada uno vive en su celda preocupado por su situación particular, sin reparar en que es el destino común el que está en juego y que no habrá futuro si no es de todos y para todos. Pero sin duda que la salida a la crisis que vivimos está en una nueva construcción social que germinará en los barrios, en esas relaciones cercanas y verdaderas que ahí pueden darse, y en una imagen común en la que todo ser humano tiene la posibilidad de aportar.

 

Ese es el sentido del Plan Humanista Municipal.

1.Democracia Real. Si no cumplen… que se vayan

Las promesas que se hacen durante las campañas electorales son luego olvidadas sin que los votantes tengan mecanismo alguno para reclamar lo prometido, como si al acceder al poder los alcaldes dispusieran de un cheque en blanco para hacer lo que les venga en gana. La actuación de muchos cargos que, cuando llegan al poder, utilizan lo público para su enriquecimiento personal, ha extendido la percepción de que la política y los partidos políticos se han convertido en maquinarias que defienden sus intereses y espacios privados, alejados de las necesidades y reclamos del pueblo. Se normalizan el robo, la estafa y la mentira. A nivel municipal las operaciones urbanísticas se entienden en el conjunto de la población como operaciones especulativas donde un grupito de políticos y empresarios se reparten beneficios millonarios. Esta figura se ha repetido demasiadas veces en demasiados ayuntamientos de España.
No podemos calificar de realmente democrático un sistema orientado a perpetuar en el poder al conjunto de fuerzas que actualmente se alternan en los gobiernos municipales y autonómicos. Los grandes partidos reciben millones de euros del Estado, a lo que hay que sumar los medios técnicos y humanos que las administraciones ponen al servicio de los electos (despachos, ordenadores, vehículos, chóferes, secretarios, asistentes, etcétera), mientras otras opciones se ven aplastadas por una Ley Electoral que favorece a los grandes e impide que aparezcan las necesarias nuevas alternativas. Ni que decir tiene que los grandes poderes económicos están muy interesados en que esto continúe así, y la poco transparente financiación de los grandes partidos lo demuestra. También los medios de comunicación, en manos de intereses multinacionales se abren a determinadas opciones interesantes para mantener el orden establecido, mientras silencian otras. La maraña de instituciones a distintos niveles (local, regional, nacional, europea) aumenta la sensación de lejanía de los ciudadanos. Hay una grave crisis de legitimidad de partidos e instituciones políticas.
Los humanistas llevamos más de veinte años denunciando la “democracia formal” en la que vivimos y reclamando medidas para poder hablar de una democracia real.
No es suficiente votar una vez cada cuatro años. Las nuevas tecnologías permiten la construcción de mecanismos directos de información y participación, que controlen al poder político y permitan una soberanía real del pueblo, y no sólo un simulacro en el papel. Por ello impulsaremos una Ley de Responsabilidad Política que obligue a los cargos electos a responder ante los ciudadanos sobre las decisiones tomadas en el ejercicio de su cargo, y contemple las promesas realizadas en campaña como un contrato entre el político y los votantes. Este contrato, al igual que cualquier otro, tiene que poder rescindirse cuando el político no lo cumple.

No podemos admitir que un alcalde, o cualquier otro representante del pueblo, tome decisiones que comprometan a varias generaciones de ciudadanos sin consultarles, y sin rendir cuentas ante nadie en cuatro años. Así ha sucedido, por ejemplo, cuando un Gobierno se ha embarcado en guerras o, llevándolo al plano municipal, cuando determinados alcaldes han endeudado a sus municipios con caprichosas obras faraónicas, teniendo después que reducir la calidad de los servicios básicos. ¿Cuándo hemos sido consultados antes de tomar decisiones de este calibre? Los humanistas defendemos que la delegación de poder que se hace en los representantes tiene que limitarse a los asuntos de administración ordinaria y al cumplimiento de sus programas electorales. Todas las grandes decisiones deben ser consultadas a los ciudadanos mediante referéndum.
En definitiva, para que la actual democracia sea real, es necesario reducir el poder de los representantes y devolvérselo a los representados en forma de democracia directa. Para ello necesitamos la creación de una Ley de Responsabilidad Política que sancione los incumplimientos electorales, que garantice un acceso igualitario de todos los partidos a los recursos públicos y a los medios de comunicación, y que permita que los colectivos ciudadanos puedan tener iniciativa directa legislativa y ejecutiva, incluso promoviendo la revocación de mandatos. Esta concepción de la democracia real es muy factible para ponerla en práctica en los municipios, donde el ciudadano tiene percepción directa sobre lo que hacen sus alcaldes y concejales.

2. Economía mixta. Banca Pública sin Interés

El modelo económico actual, basado en la llamada “economía de libre mercado” ha pasado por varias etapas hasta llegar a esta última, en la que se manifiesta un alejamiento creciente de la economía real o productiva de la financiera o especulativa. Los humanistas denunciamos la tiranía del capital financiero que está ahogando a trabajadores y empresarios, quienes representan la economía productiva. Los aparatos estatales han subordinado todo a los intereses de estos grandes capitales financieros, que especulan con las materias primas, los alimentos, el petróleo, los avances tecnológicos, la salud, etcétera. La violencia económica que ejercen es la principal causa de sufrimiento de miles de millones de personas en todo el Planeta. Los gobiernos de Europa han claudicado y abandonan ahora el tradicional modelo de protección y derechos sociales y siguen obedientes las consignas de los “mercados” (entiéndase bancos y fondos de inversión).

 

Es necesario desactivar esta enorme dependencia y subordinación al capital financiero y pasar a una economía productiva. Por ello defendemos un modelo de economía mixta donde tenga su papel la empresa privada, pero también la intervención y regulación pública. Proponemos la creación de una banca pública sin interés, capaz de transformar los mercados financieros; los especuladores podrán seguir existiendo en la banca tradicional, pero su acción se convertirá en algo cada vez más marginal, ya que las familias y empresas preferirán financiarse a través de banca sin interés y, por tanto, sin usura.

 

La banca sin interés puede parecer a simple vista un proyecto utópico, por la fuerte y arraigada creencia de que un crédito ha de llevar asociado necesariamente una tasa de interés. Este disparate sólo se sostiene desde el punto de vista de la usura instaurada actualmente. Desde luego que sostener una estructura bancaria tiene su coste, pero el mismo puede solventarse con el cobro de un gasto administrativo, necesario y suficiente, y no mediante la aplicación de tasas de interés, y mucho menos con tasas usureras.
El estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos manejan suficiente cantidad de fondos como para poner en marcha un flujo de préstamos y depósitos que hagan viable la creación de bancos municipales sin interés. También cuenta con suficientes herramientas fiscales y legales como para hacer que muchos depósitos de empresas privadas e instituciones de todo tipo se canalicen a través de la banca sin interés.

 

Esta Banca sin Intereses favorecerá la Propiedad Participada de los Trabajadores para crear nuevos modelos de empresa y apoyará las infraestructuras sociales. Desde luego que las operaciones realizadas por esta banca, para que realmente estuviéramos hablando de una democratización de la economía, deberían estar cogestionadas y controladas por el conjunto de la sociedad. Para los humanistas la prioridad es que todas las personas tengan aseguradas sus necesidades en lo que concierne a salud, educación y calidad de vida (vivienda, empleo, alimentación, etcétera) para poder desarrollarse con libertad. Por tanto, aspiramos también a la democracia real en el campo económico. El objetivo de la economía es asegurar que las necesidades de base estén a disposición de todos y aumentar el bienestar de las personas. Las administraciones públicas deberían garantizar los servicios públicos y aportar liquidez monetaria, independientemente de la oferta de los bancos privados.

 

3.Un municipio de todos. Participación ciudadana

Cuando llegan las elecciones el gobierno y los partidos políticos tradicionales llaman a la población a participar. ¿Pero qué pasa el resto del tiempo?

En nuestro país la democracia se ha deteriorado impulsada por los intereses del gran capital y la banca, que necesitan ciudadanos adormecidos que se conviertan en simples consumidores y trabajadores precarios y sumisos. No existen verdaderas vías de participación para los ciudadanos en las cosas públicas, excepto el voto cada cuatro años para elegir entre las diferentes marcas políticas que tienen opciones de gobernar. Los mecanismos que permiten a la gente decidir sobre las cuestiones que les afectan directamente como el referéndum, nunca son utilizados y, además, no son vinculantes. En esta democracia representativa de baja intensidad, la opinión de la gente no cuenta.

Los Humanistas proponemos una regeneración de la democracia donde el poder esté realmente en manos de las personas y no en manos de políticos alejados de los intereses de la gente y que únicamente sirven a quien los financia. Por ello proponemos medidas que permitan la participación real de los ciudadanos, el control de los cargos públicos, la verdadera independencia entre poderes y la igualdad de oportunidades para todos. En concreto en materia de participación en el ámbito municipal, estas son nuestras propuestas.

 

  • Creación de la figura del Concejal de Barrio, elegido directamente por los vecinos y no surgido de pactos entre partidos.
  • Foro Vecinal como instancia coordinadora entre los vecinos y organizaciones sociales del barrio. El Foro recoge las inquietudes, aspiraciones y necesidades del barrio, canalizándolas ante el Ayuntamiento a través del Concejal de Barrio. Tiene la función de planificar las actividades sociales en base a las prioridades establecidas por los vecinos.

Este Foro tiene capacidad de gestión de recursos en proyectos votados por los vecinos y está formado por representantes de los vecinos en proporción al número de habitantes del barrio.

Cuenta además con capacidad para destituir al Concejal de Barrio si éste incumple sus compromisos o funciones, haciéndose efectiva de esta manera la Responsabilidad Política desde la misma base social.

  • Oficina de Atención al Vecino, que facilite el acceso directo a toda la información y gestiones de ámbito barrial, municipal y extramunicipal.
  • Creación de los mecanismos necesarios para hacer efectiva la Democracia Directa. En lo inmediato implementación de la Consulta Popular y el Referéndum sobre todos los temas de interés general para los habitantes del municipio. Implementación de la Consulta Directa Electrónica a través de la red informática. Redes sociales municipales con foros de debate, plenos en directo, etcétera.
  • Formación de Medios de Comunicación barriales y municipales, sin censura y abiertos a todos los vecinos. El barrio necesita, como mínimo, una radio, una publicación local y una web que permita la interacción de los vecinos con los concejales y técnicos municipales, así como el acceso libre a toda la información sobre proyectos, presupuestos, etcétera.
  • Creación de la Oficina de Derechos Humanos Municipal, dotada de personal cualificado y voluntarios como primer núcleo de atención a los colectivos y personas discriminados y desfavorecidos.
  • Derecho de todos los vecinos y vecinas mayores de edad a elegir y ser elegidos. Esto incluye a la población inmigrante. Para los Humanistas ningún ser humano es ilegal.

 

4. Un municipio implicado en la salud, educación y calidad de vida de sus vecinos

Basta un simple vistazo a los Presupuestos Generales del Estado para darse cuenta de cuáles son las prioridades para nuestros gobernantes (ahora y antes, puesto que estos datos no varían dependiendo del signo político de quien ocupa el poder). El presupuesto militar (incluyendo la investigación en este campo) prácticamente duplica lo invertido en salud y triplica lo destinado a educación. Resulta evidente entonces que, a ojos de este sistema, es más importante continuar invirtiendo en destrucción que destinar recursos a la buena salud física e intelectual de las personas.

 

Los Humanistas consideramos los recursos destinados a las áreas de educación, salud y calidad de vida de los vecinos como una inversión en el ser humano y no como un necesario “gasto social”. Los poderosos siempre dicen “¿y de dónde saldrán los recursos?”, pero quienes así objetan gastan miles de millones en ayudar a la banca y permiten que otros miles de millones escapen de la economía productiva a la especulación que no produce ningún beneficio social. Lógicamente el cambio en el modelo de servicios sociales tiene que ir de la mano de un cambio del modelo económico, político y social.

 

Desde hace tiempo, esos mismos políticos que decidieron destinar los presupuestos a otras cuestiones que ellos consideran más importantes que la salud y la educación, quieren instalar, con la ayuda de los medios de comunicación, la idea de que estos servicios funcionarían mejor si son privatizados. Las denominadas “cogestiones” ocultan una privatización paulatina de la salud y la educación, al tiempo que la falta de recursos dedicada a estas áreas provoca la precarización de los servicios. Se encargan de culpabilizar de esta precariedad a inmigrantes o ancianos por el uso que hacen de la salud y la educación públicas, demostrando de nuevo que les sobra la gente. En lugar de destinar más dinero, quieren que haya menos usuarios. Mientras tanto, los profesionales afrontan jornadas de trabajo cada vez más extensas que les impiden rendir adecuadamente y jóvenes licenciados se ven abocados al paro y a empleos mal remunerados. Esta degradación de lo público, programada desde los políticos que nos gobiernan, es la excusa que utilizan para la privatización.

 

Los Humanistas decimos que la salud y la educación no pueden ser jamás un negocio. Son un derecho inalienable que todos los vecinos de un municipio deberían poder disfrutar en unas condiciones óptimas y de forma totalmente gratuita.  Poniendo todo en función de la salud y la educación, se resolverían los complejos problemas a los que hoy nos enfrentamos. Asimismo, la salud y la educación son un motor fundamental para garantizar la igualdad de derechos y oportunidades de todos los seres humanos, uno de los puntos fundamentales del ideario humanista.

 

EDUCACIÓN

 

Hoy está en crisis el esquema educacional, manifestándose esta crisis en la desmotivación de los educadores, la preocupación de los padres y madres, el fracaso escolar, los niveles de absentismo, una violencia desconocida hasta ahora y unos contenidos educativos que corren por detrás de una sociedad humana, científica y tecnológica que está buscando una nueva visión del mundo, una nueva sensibilidad y un nuevo ser humano muy lejos ya de las viejas enciclopedias.

 

En un municipio Humanista la educación es una prioridad y, por ello, garantiza:

 

  • Educación pública gratuita y de calidad en todos los niveles, desde la educación infantil hasta la universidad.
  • Acceso gratuito al material escolar, incluyendo los recursos técnicos e informáticos necesarios, para garantizar la verdadera gratuidad de la educación.
  • Una educación en la diversidad (como es diversa la sociedad en la que vivimos, diversa en las razas, diversa en las culturas, diversas en las ideas y en las creencias) y que potencie los valores humanos de acuerdo a la máxima: “Nada por encima del ser humano, y ningún ser humano por debajo de otro”.
  • Una educación integral, que forme y desarrolle a los niños y jóvenes en la capacidad del pensar. La integración y aceptación del cuerpo, la expresión emotiva y la sexualidad. Estos pilares deberán ser adaptados a cada nivel educativo desde la educación infantil hasta la universidad.

 

SANIDAD

 

La asistencia sanitaria debe ser universal, pública y gratuita, siendo coordinada entre el municipio y la comunidad autónoma. Es necesario definir las necesidades reales y dotar a hospitales y centros de salud de todos los medios necesarios. La salud de la población no puede ser objeto de negocio y especulación y no pueden recortarse las prestaciones por ninguna razón.

Utilizando malintencionadamente los medios de comunicación para exagerar los defectos de lo público y exaltar las supuestas bondades de la privatización, nos quieren hacer creer que lo público es siempre malo y que lo privado es más eficiente, se trata mejor al paciente y a la larga es más barato. La realidad es distinta: las fuertes inversiones que son necesarias para, por ejemplo, hacer hospitales, son luego explotadas bajo  fórmulas de “gestión privada”. De esa forma algunos hacen muy buenos negocios sin apenas correr riesgos, ya que los clientes (la población) no tienen otra opción y los que pagan (el estado) lo hacen puntualmente. Todos pagamos y unos pocos se benefician.

 

La solución ante los problemas actuales no es la privatización sino mejorar la gestión haciéndola más transparente y con la participación de la Administración Publica, los profesionales y los usuarios. La concepción Humanista fomenta la investigación para desarrollar un sistema de salud basado en la prevención de las enfermedades y no en el gasto farmacéutico. Impulsará, además, un centro de terapias alternativas, adecuadamente reguladas y reconocidas, dentro del sistema público y gratuito de salud. Las políticas médicas tienen que venir de la experiencia, no de los intereses económicos de laboratorios e industria médica, que antes que acabar con la enfermedad buscan multiplicar sus beneficios.

 

Un ejemplo especialmente grave es el abuso de psicofármacos, sobre todo en niños y adolescentes, dictados por modas e informes que están directa o indirectamente manipulados por los propios laboratorios. Sabemos que en este momento histórico hay cada vez más tensiones, dificultades de comunicación, etcétera, pero eso no se resuelve introduciendo química en el sistema nervioso de los seres humanos. Y que esto se haga en nuestros niños y adolescentes aprovechando la desorientación de maestros y padres, es absolutamente inmoral.

 

La calidad de vida de los vecinos de un municipio implica otros servicios además de la salud y la educación. Una administración pública que se ocupe del bienestar de sus vecinos defenderá los intereses de los mismos en el acceso a los servicios de agua, electricidad, telecomunicaciones, etcétera. Hay que detener la locura privatizadora que, impulsada por los políticos que actualmente nos gobiernan, busca abrir nuevas vías para el beneficio de grandes empresas y grupos de presión.

 

5. Protección medioambiental. Impulso a las energías limpias.

El bienestar de la población, por cierto, tiene mucho que ver con el cuidado del medio ambiente. La política medioambiental del municipio debe convertirse en un motor fundamental de desarrollo. Cualquier decisión estratégica (en empleo, energía, transporte, etcétera) tendrá que alinearse con el concepto de desarrollo sostenible.

El municipio Humanista desarrollará un plan de energías limpias que busque sustituir paulatinamente las fuentes energéticas contaminantes por otras limpias y renovables, saliendo así además del continuo chantaje que representan las presiones ejercidas por grupos empresariales relacionados con el petróleo.

En este sentido, el municipio impulsará la formación y cualificación de profesionales en gestión ambiental y energías limpias, además de incentivar fiscalmente a las pequeñas y medianas empresas para la producción, instalación y mantenimiento de fuentes energéticas renovables.

En su sentido más amplio, el medio ambiente es el compendio de valores naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y momento determinado, que influyen en la vida material y psicológica del ser humano y en el futuro de generaciones venideras. Por eso, cualquier acción en el ámbito del medio ambiente debe estar planteada desde la necesidad de un desarrollo sostenible y equilibrado. Cuidar la naturaleza es cuidar la casa común de todos los vecinos.

 

 

6. Un municipio que impulse el empleo

Durante el año 2015 el desempleo ha alcanzado cifras históricas en nuestro país: cinco millones y medio de personas no tienen trabajo. Hay otro dato que resulta dramático: en más de 1.793.000 hogares todos los miembros de la familia están desempleados. Con estos números en la mano, no resulta extraño que el paro aparezca como uno de los problemas que más preocupa a los españoles en todas las encuestas.

 

Para los humanistas, sin embargo, el desempleo no es el problema. Es el síntoma de un mal aún mayor. Es la expresión de que a los poderosos de este sistema económico y social inhumano les sobra la gente. Les sobran los parados mayores de 50 años, les sobran los jóvenes que buscan su primer empleo, les sobran las mujeres y los inmigrantes que, dicen ellos, ocupan puestos de trabajo aumentando la desocupación.

 

Si tratamos de enfocar el desempleo, como hacen los partidos políticos tradicionales, desde la óptica de este sistema, jamás encontraremos una solución. Estaremos encadenados a reformas del mercado de trabajo que castigan a los más débiles, a sindicatos que no defienden los intereses de los trabajadores y a empresarios temerosos atenazados por los créditos usureros de los bancos.   De hecho, en los años de la llamada crisis lo que ha sucedido es que las soluciones propuestas han tenido siempre la característica común de la precariedad, es decir, un tipo de trabajo del que únicamente se beneficia el empresario y en el que pierden los trabajadores y los sistemas sociales, una forma de empleo sin normativas, en la que los trabajadores están totalmente desprotegidos y se ven obligados a aceptar estas condiciones, por abusivas que sean.  Es falso que un cambio en la situación financiera (eso que llaman crisis) o un relevo en el gobierno de turno vaya a resolver la situación. Los políticos actuales no son una solución, sino cómplices del problema.

 

El mito de la productividad

Las recomendaciones de las grandes instituciones financieras -BCE, FMI- hacia los gobiernos siempre apuntan en una misma dirección: recortar el gasto público (es decir, dejar a la población indefensa reduciendo servicios sociales) y flexibilizar el mercado de trabajo (lo que en la práctica se traduce en trabajar más horas, por menor salario y atrasar la edad de jubilación). Todo ello para aumentar una supuesta “productividad” y ser más competitivos. La competitividad traerá la recuperación económica y con ella se volverá a crear empleo. Es el cuento de la lechera neoliberal.

 

En realidad la productividad no se ha reducido. El gran capital sigue produciendo inmensos beneficios (que es su objetivo e interés). El problema es que estos beneficios se acumulan cada vez en menos manos. Y el proceso acumulativo, lejos de revertir, aumenta y se acelera. Es ingenuo, además de falso, suponer que los mismos que nos han llevado a esta situación (grandes multinacionales, fondos de inversión y sus lacayos los gobernantes) van a resolverla. En realidad la gente les importa bien poco. Las personas les sobran. Para ellos son un mal menor que  deben soportar para poder utilizarlos en su loca carrera hacia la acumulación de riqueza.

 

El reparto del empleo

La posibilidad de repartir el empleo (es decir, el tiempo de trabajo) como una de las soluciones al problema del paro no es nueva. Algunos economistas la han venido apuntando durante los últimos 40 años. Desde el filósofo Bertrand Russell hasta algunas interpretaciones del keynesianismo han propugnado que se podría trabajar menos gracias a las tareas que asumen las máquinas y al avance de la tecnología. Y esto, lejos de reducir los beneficios, los aumentaría, puesto que la productividad sería mayor y ahorraría costes sociales a los estados.

 

Los humanistas estamos a favor de reducir la jornada laboral y de repartir el empleo hasta conseguir que el paro se reduzca o desaparezca. Por supuesto, manteniendo y aumentando los salarios, ya que todo beneficio que no se reinvierte en la mejora de las condiciones de trabajo o en la productividad es desviado hacia el circuito especulativo. Esta inversión se lograría aplicando una Propiedad Participada de los Trabajadores, descrita por el economista humanista José Luis Montero de Burgos en su obra Economía Mixta. En este tipo de propiedad de la empresa, el capital y el trabajo comparten beneficios y gestión de la empresa.

 

Estas medidas económicas deben ir acompañadas de una política fiscal que grabe cualquier capital especulativo y persiga el fraude.

 

Diferimos en la obsesión por la búsqueda de una productividad y competitividad como objetivo absoluto del empleo. Necesitamos un cambio de paradigma que vaya más allá de lo económico para encarar cuestiones éticas, de concepción del ser humano y del sentido de la existencia. Si consideramos a las personas como meros productores y consumidores, la lógica del capital que alimenta esta estúpida cultura materialista estará plenamente justificada. Si, en cambio, nos vivimos como transformadores y protagonistas de nuestra propia existencia, el sentido estará puesto en la humanización del mundo, en la liberación de la especie. Y habrá, por supuesto, quien critique este pensamiento con cifras, teorías y tesis macroeconómicas, obviando cualquier componente moral. Pero ya conocemos hasta dónde nos han llevado esas prácticas y esa mirada deshumanizadora. Es, pues, el momento de pensar y construir una economía al servicio del ser humano.

 

Los humanistas consideramos que todo ser humano, por el simple hecho de haber nacido, debe tener reconocida y asegurada la dignidad que le es inherente. Es desde esta perspectiva, que la propuesta humanista no está enfocada a la simple creación de parches asistenciales para los desempleados ni, por supuesto, a continuar cediendo al chantaje de los grandes capitales y bancos. Hay que actuar entonces en la raíz del problema, proponiendo nuevos modelos que liberen al trabajador de la precariedad dotándole de capacidad de decisión, y saquen a los pequeños y medianos empresarios del laberinto crediticio.

 

El Plan Humanista Municipal impulsará el empleo de los vecinos favoreciendo que las empresas que así lo deseen puedan convertirse en Empresas de Propiedad Participada de los Trabajadores. Este nuevo modelo empresarial comparte la gestión y los beneficios entre el empresario y los empleados. Además, un porcentaje de las ganancias obtenidas deberá ser reinvertido en la creación de nuevos puestos de trabajo, evitando de esta forma la fuga del capital hacia la especulación.

 

Las nuevas empresas que se acojan a esta figura (o aquellas que modifiquen su situación para adaptarse a la misma) recibirán la financiación necesaria a través del Banco Público Sin Interés y tendrán importantes beneficios fiscales dentro del sistema tributario municipal.

 

Los humanistas defendemos el derecho de toda persona residente en nuestros municipios a contar con una renta que le permita cubrir sus necesidades básicas. Como afirma nuestro Documento Humanista (1993) “hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo, alimentación, salubridad, vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo”. Animamos a todos a denunciar la tiranía del gran capital y a trabajar en los barrios, lugares de trabajo y demás ámbitos por una sociedad más justa y por la implantación de la Renta Básica Universal.

 

 

 

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