Solo la participación  de los trabajadores en la propiedad, en los beneficios y en la toma de decisiones de la empresa puede garantizar el mantenimiento del empleo y  la reinversión en nuevas proyectos productivos en vez de la fuga hacia la especulación”

Los humanistas planteamos una profunda transformación  en todos los campos:  social, personal, político, económico.  En un sistema en el que el dinero es el principal valor, donde mas obvio resulta es en el campo económico.  Es prioritario discutir la relación entre capital y trabajo y formular nuevas propuestas para el modelo de empresa. Desde la publicación del Documento del Movimiento Humanista,  del que citamos a continuación un interesante párrafo, economistas encuadrados en esta corriente como José Luis Montero de Burgos o Guillermo Sullings han formulado un nuevo tipo de empresa acorde con otros tipo de  valores y planteamientos, la empresa participada por los trabajdores.

“Para los humanistas existen como factores de la producción, el trabajo y el capital, y están demás la especulación y la usura. En la actual situación los humanistas luchan porque la absurda relación que ha existido entre esos dos factores sea totalmente transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la ganancia sea para el capital y el salario para el trabajador, justificando tal desequilibrio con el “riesgo” que asume la inversión… como si todo trabajador no arriesgara su presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la decisión en el manejo de la empresa. La ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la especulación financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de trabajo, deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo rendimiento productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección sean compartidas. De otro modo, ¿cómo se podría evitar el despido masivo, el cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del capital, no en las ganancias que se puedan obtener como consecuencia del aumento en la productividad. Y si se insistiera en la confiscación de los medios de producción por parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX, se debería tener en cuenta también el reciente fracaso del socialismo real.” (Documento del Movimiento Humanista)

El Nuevo Humanismo propone  un cambio sustancial relativo al concepto de propiedad de la empresa, diferenciando entre la propiedad del capital, y la propiedad de la empresa, que es mucho mas que el capital invertido, ya que incluye el valor del trabajo humano, las relaciones organizativas de los trabajadores, la experiencia acumulada, etc.

Esta idea es desarrollada por José Luis Montero de Burgos en su “Introducción a la Economía del Nuevo Humanismo”.  Montero de Burgos, coherentemente con su concepción humanista, afirma que la empresa es ante todo una organización humana y que la propiedad de los objetos no puede suponer que ese mismo poder se ejerza sobre las personas.

Hasta el momento, en el modelo de empresa capitalista, el propietario del capital ejerce un poder de decisión absoluto, poder que se ha acrecentado con las últimas reformas laborales.  El trabajo, y por supuesto los trabajadores son en este esquema una mercancía, por la que el capital paga lo menos posible, ya que de esa manera acumulará más beneficios. Las políticas de “flexibilidad laboral” son un eufemismo que intenta disimular que  los trabajadores se ven obligados a aceptar salarios inferiores y peores condiciones de empleo. El avance tecnológico es utilizado por las empresas para reducir la mano de obra y a pesar del incremento espectacular de la producción gracias a la tecnología,  millones de trabajadores sufren el desempleo. En este modelo los beneficios empresariales se sacan del circuito productivo y se dedican a la especulación financiera.

Este desequilibrio creciente entre capital y trabajo está en la raíz del incremento de las desigualdades en todo el mundo y de la enorme acumulación de poder financiero y especulativo que puede colapsar la economía real

Pero es el momento de que las reivindicaciones democráticas y democratizadoras que se han extendido en el campo social lleguen al campo de las empresas.  Solo la participación  de los trabajadores en la propiedad, en los beneficios y en la toma de decisiones de la empresa puede garantizar el mantenimiento del nivel de empleo y  la reinversión de los beneficios empresariales en nuevas proyectos productivos que generen a su vez mayor empleo en vez de destinarse a la especulación.

Y como dice Guillermo Sullings en “Mas allá del capitalismo”, “es razonable y necesario para la multiplicaciónde la producción y las fuentes de trabajo, que en lo posible,  no toda la ganancia que produce la empresa sea consumida, sin que una parte se ahorre para reinvertir, pero también es razonable que ese nuevo ahorro, ya no sea propiedad solamente de quien puso el capital inicial, sino que sea el ahorro de todos los que participaron en su formación, incluyendo a capitalista y trabajadores”

Hay ya muchas empresas en las que los trabajadores participan de los beneficios y de la toma de decisiones de la empresa y es un hecho que en  la mayoría ha mejorado la situación económica de los trabajadores  pero además ha mejorado la productividad  y la rentabilidad de la empresa. Un punto esencial del programa del Partido Humanista en todos los lugares donde está presente es la promulgación de una Ley que reforme el régimen jurídico de las empresas para que los trabajadores accedan a la toma de decisiones y a la participación en los beneficios de sus empresas

 

 

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